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La salud bucal y los malos hábitos

Muchos de los hábitos cotidianos que hemos adoptado desde la infancia, que en apariencia son inofensivos, pueden tener influencia en nuestra salud bucal. Morderse las uñas, el labio inferior, chupar los dedos o respirar por la boca pueden traer consigo problemas de malformación, una incorrecta oclusión (mordida) o desgaste de las piezas dentales, entre otras complicaciones. Estudios norteamericanos recientes revelan que una mala salud dental es un factor que podría generar, a largo plazo, enfermedades mentales como demencia senil o Alzheimer.
Aunque con esfuerzo y tiempo es posible corregir los efectos nocivos de estos malos hábitos, resulta más sencillo modificar progresivamente estos comportamientos. La mayoría de ellos suelen presentarse desde la infancia, por lo que es importante observar la actitud de los más pequeños de la casa y aplicar los correctivos pertinentes.

La ortodoncia no es sólo cuestión de estética

Los especialistas insisten en la importancia de una prevención constante y una revisión periódica puesto que, de lo contrario, un problema menor puede acabar convirtiéndose en una dolencia más grave. Ante muchos de los problemas bucales, la ortodoncia es uno de los tratamientos bucodentales más solicitados en nuestro país. No sólo es una solución meramente estética sino que es un tratamiento para la salud bucodental, ya que muchos de los problemas de oclusión pueden repercutir en la higiene, al dificultar que el cepillo llegue a todos los sitios.
La ortodoncia ha ido evolucionando en los últimos años, debido a que un alto porcentaje de adultos que utilizan este tratamiento. Escáneres en tres dimensiones, aparatos invisibles, intervenciones menos invasivas y un menor uso de la radiología, son algunos de los avances en este tipo de tratamiento bucodental.

Los hábitos más frecuentes

Morderse las uñas (onicofagia)

Es el hábito más extendido y se presenta no sólo entre niños y jóvenes, sino también entre adultos. Morderse las uñas puede producir desgaste y astillamiento dental prematuro. En los casos más graves, el problema puede llegar a la fractura de los bordes  de las piezas dentales anteriores, incisivos y caninos. Abandonar esta costumbre no es tan fácil, requiere de la voluntad del afectado y, muchas veces, de la intervención de un profesional.

Morderse el labio inferior

Este hábito, también muy extendido, conlleva que los dientes superiores se sometan a la presión del labio inferior, lo que obliga a su desplazamiento progresivo hacia atrás.

Chuparse el dedo

Muchos niños pequeños encuentran en el dedo el sustituto ideal del chupete y el placer que encuentran en la succión puede extenderse hasta la edad adulta, en los casos más graves. El hábito de succión afecta la posición de los dientes y la forma del paladar, provocando la proyección de la línea dental hacia afuera y una mordida abierta, en la que los dientes superiores e inferiores no tienen contacto.

Respiración bucal

La respiración habitual por la boca se vincula a una incorrecta posición de la lengua, lo que causa el desplazamiento de la mandíbula hacia delante, un aumento de la hendidura del paladar y mordidas abiertas. La detección precoz de una inadecuada técnica de respiración en los niños y la consulta con un especialista, en los casos en que se evidencie la presencia de problemas nasales, es una forma de prevenir estos problemas.

 

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