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Las grasas en la proporción adecuada

Contrariamente a lo que se cree, los regímenes dietéticos equilibrados no deben eliminar totalmente las grasas de la alimentación. Por el contrario, las grasas o lípidos ofrecen gran cantidad de energía y son necesarias para garantizar los movimientos internos de nuestro organismo, tales como respirar o los latidos del corazón. Asimismo, ayudan a mantener constante la temperatura corporal y forman parte esencial de membranas que recubren algunas células de nuestro cuerpo. En las mujeres,  las grasas forman parte de su sistema hormonal.
Por regla general, los alimentos contienen tres grupos de lípidos: grasas y aceites, fosfolípidos y colesterol. Su ingesta comporta diferentes consecuencias para nuestro organismo.
Las grasas saturadas, de origen animal, contienen colesterol en altas proporciones por lo que su consumo debe limitarse a un máximo de 300 mg./ día. El consumo de colesterol en exceso produce ateroesclerosis o reducción de la capacidad de nuestros vasos sanguíneos por la paulatina acumulación de las grasas. De ahí la importancia de seguir una dieta balanceada y bajo la supervisión de un especialista.
Por el contrario, las grasas insaturadas, que son de origen vegetal, son mucho más recomendables. En la dieta mediterránea, el aceite de oliva es la grasa por excelencia, el cual es muy beneficioso por su alto contenido de ácido oleico, un ácido insaturado que ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, cuida la piel y ayuda a equilibrar los niveles de colesterol. Las grasas insaturadas están presentes en diferentes alimentos como el salmón, el arenque, el atún, el bonito o la sardina. Por su parte, aceites de semillas como maíz, girasol, germen de trigo, uva, cacahuete y soja, con alto contenido de ácido linoleico.

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